newyorkerCuando hablamos de creatividad indefectiblemente no podemos dejar de pensar en el concepto de la originalidad. Más allá de las supuestas discusiones que proponen los filósofos del arte, la obra artística al ser personal tiene que ser única, más allá de cuestiones estéticas. Ya lo sostenía el filósofo Arthur Danto al hablar de la “Edad del pluralismo”. La teoría ha muerto, junto con los preconceptos estéticos. Ahora el artista contemporáneo es “libre de hacer lo que le plazca: pintar o instalar, “hibridar” o no, referirse al propio arte o dirigirse directamente al mundo real, porque no hay una dirección única por la que transitar”.

Así lo entendió el artista portugués Jorge Colombo que encontró una forma muy original de hacer arte. Él pinta paisajes de Nueva York, su ciudad por adopción, utilizando como única herramienta el dedo índice de su mano derecha. “Mis primeros paisajes  fueron creados en un iPhone, sin necesidad de usar las típicas capas del Photoshop. Esto significaba para mi una gran complicación ya que tenía que construir la imagen como una escena, empezando por el fondo y luego pintar los detalles directamente sobre ese fondo ya pintado”.

Colombo ahora está cambiando su iPhone por el iPad y una aplicación muy amigable llamada Brushes, que le permite pintar en el sistema operativo móvil iOS de Apple.

De cuando le preguntamos si usaba fotografías en sus ilustraciones citadinas, Colombo se molestó un poco. “La forma en que trabajo es ésta. Yo camino mucho por la ciudad y si me aparece un paisaje urbano que me llame la atención, sacó mi tableta, abro mi Brushes con una página en blanco, y empiezo a dibujar. Esto me toma entre una y dos horas. Entonces puedo exportar la imagen a mi Mac”.

– ¿Cómo empezaste a dibujar en un iPhone?
-Nunca me ha gustado tener una gran cantidad de equipo, y menos tener que depender de una gran instalación o un gran estudio. Cuanto más simple y más pequeño, mejor. Me encanta (y lo disfruto) poder hacer la mayor parte de mi trabajo con una caja de herramientas que cabe en mi bolsillo. Eso es perfecto para mí.

– ¿Cómo fue el proceso para hacer la ilustración para la revista “The New Yorker”?
-Françoise Mouly, editora de la revista “Raw” en la década de los ochenta, es la persona que decide todas las portadas del “The New Yorker”. Ella ha trabajado con cientos de ilustradores y mantiene viva la tradición gráfica de la revista. Cuando descubrió mis paisajes de Nueva York realizado en el iPhone, ella quiso conocerme. Junto con Saul Steinberg y Rea Irvin, que era uno de sus artistas más prolíficos de las portadas, definió lo que sería una tapa contemplativa.

– ¿Cómo es trabajar creativamente en una editorial que ha publicado muchas portadas realmente experimentales?
-Es diferente para cada artista. Algunos envían arte acabado, a otros les gusta discuter conceptos ampliamente. En mi caso, me paseo por la ciudad hasta encontrar un lugar para dibujar, y envío los  archivos digitales de mis dibujos. Ellos (con Mouly a la cabeza) eligen cuáles funcionarán mejor en la portada de la revista. No hay ninguna discusión anterior en absoluto.

– Es interesante las texturas que uno puede encontrar en tus ilustraciones. ¿Cómo definirías tu estilo estético?
-Hoy en día es difícil saber lo que se hace con las computadoras y lo que no lo es. Lo mismo ha pasado en la música. Mis dibujos tratan de aprovechar la facilidad (y el vértigo) que me da trabajar digitalmente. Trato de tener una impronta que haga que mis piezas  muy  similares a las realizadas con los medios más tradicionales como la acuarela, el pastel … Porque a la gente le gusta ver cosas relacionadas con la tradición.

El hacer pinturas con el iPhone primero, y el iPad después, se convirtió en algo realmente atractivo. No estoy interesado en hacer algo especialmente contemporáneo o digital. Porque ésta tecnología me atrae sobre todo para hacer que las cosas parezcan hechas con lápiz. La razón principal por la que uso esta herramienta digital es la portabilidad y funcionalidad. Por eso, la función Deshacer, bendita, se convierte en adictiva.