Hace unos días estuvo dando una charla en el OFFF Barcelona. Toda su presentación dió vueltas y vueltas alrededor de su máxima creación. El arte que ella pensó para la película “The Grand Budapest Hotel” le hizo ganar un Oscar de la Academia. Nosotros hablamos con ella, en exclusiva, la noche anterior a ese gran día.

“Un día yo estaba trabajando en mi estudio en Dublín cuando recibí una llamada de un número de Nueva York, lo que me sorprendió. La voz en el otro extremo se presentó como uno de los productores de Wes Anderson, y casi me caigo de la silla!”. Así recuerda Atkins, hablando en exclusiva con Tiempo.

– Uno conoce el trabajo de Wes Anderson y parece ser un director preocupado por los detalles¿Él estuvo involucrado en tu trabajo estético?

– Sí, Wes es muy cuidadoso, y le dió una dirección increíblemente clara y precisa. Esto me hizo bastante fácil de trabajar. Wes estaba involucrado en todos los aspectos del proceso de realización.

-En tu trabajo hubo mucha investigación al detalle. ¿Cómo trabajaste?

-Fue muy divertido trabajar en el Imperio de Zubrowka porque era completamente ficticio, como parte de la imaginación de Wes Anderson. Un país ficticio necesita todo tipo de gráficas: banderas, billetes, pasaportes, placas de calle. Nos fijamos en cientos de piezas de diseño de Europa del Este a principios del siglo pasado como referencia. Cada pieza que hice comenzó ante Wes mostrando una colección de ejemplos reales de la época. Él escogía elementos que le gustaban. Es ese tipo de procesos que hace que la película sea una mezcla entre realismo y la magia.

– Entendemos que algunas piezas gráficas fueron creados en el mismo set de la película. ¿Cómo fue eso de meterse en la película para trabajar?

-Es que Adam Stockhausen, el diseñador de producción, había pensado que sería bueno trabajar en el hotel desde el hotel. Trabajábamos en unos departamentos de estilo Art Nouveau, de 6 plantas y balcones, y nuestras oficinas estaban en la planta superior.

– Si algo impacta de las piezas visuales es el correcto uso de las tipografías. ¿Cómo lograste este equilibrio? ¿Las letras son tuyas?

-Sí, en el Grand Budapest Hotel las letras son mías, dibujadas a mano, al igual que casi toda la señalización en la película. La verdad es que he utilizado relativamente pocos tipos de letra en la película. Por ejemplo, y ya que hablás de letras, utilicé una máquina de escribir 1930 para todos los documentos escritos a máquina y una pluma de inmersión y la tinta para cualquier letra. Lo bonito de este tipo cine de época es que estás creando diseño gráfico para un tiempo anterior a que existieran los diseñadores gráficos. Fueron realmente los artesanos los primeros diseñadores: el herrero diseñaba las letras en las puertas de hierro fundido; el vidriero esculpía las letras en las vidrieras; el pintor dibujaba las letras de las fachadas de las tiendas; y el imprentero escogía los bloques de tipo para la papelería. Así que cuando vos tratás de emular eso, lo mejor que podés hacer es no usar las fuentes en absoluto.

– ¿Cuál fue la pieza que más te gustó hacer y por qué?

-Me encanta hacer gráficas para las películas ambientadas en el pasado. No creo en una pieza, ya que todas tienen un sentido, una explicación. Son todas tan hermosa y todas podrán pasar la prueba del tiempo. Me gustaría que pudiéramos encontrar todo esto del Reino imaginario de Zubrowka en nuestras ciudades, y no sólo recrearlo en el cine. Tengo una gran colección de antigüedades de papel como cartas de amor y tarjetas postales y carteles de teatro, todo de los últimos 200 años más o menos. Es genial ser capaz de mirar a estas piezas e imaginar las historias y la gente detrás de ellos.