La elección de la fotografía del año 2014, por parte de la agencia holandesa World Press Photo, no estuvo exenta de ruido. Y no porque la selección de la foto en cuestión haya provocado polémica, sino porque durante el proceso de selección, el jurado debió debatir acerca del las reglas y la ética del “fotoperiodismo digital”.

En el caso de la competencia 2014 y según la propia agencia, por segundo año consecutivo, el jurado rechazó por manipulación (manipulated or post-processed carelessly) 20 de 92 imágenes en la penultima ronda calificatoria, lo que por ejemplo, en la categoría de Sports Stories significó que solo se entregaran dos premios, en vez de los usuales tres.

En la era de las cámaras y el retoque digital, la Academia del fotoperiodismo ha tenido que re-plantearse el marco que resguarda la integridad tanto del oficio fotográfico, como de la fotografía en si.

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Todo indica que para la WPP la manipulación que acarrearía la descalificación es aquella que mediante la clonación o el uso de los tonos, remueve o incorpora elementos a la fotografía, alterando el contenido de la imagen o incluso su significado. La regla deja fuera aquellos casos en que el retoque tiene como finalidad limpiar la imagen de impurezas o polvo (casos bastante comunes en la fotografía análoga).

Esta situación abrió un interesante debate entre los fotoperiodistas, pero también nos permite a quienes estamos fuera del circuito, plantearnos el tema de la integridad del oficio fotográfico y de la fotografía misma a la hora de pasar la imagen por un programa de retoque.

¿Hay un límite? ¿En qué momento la alteración de los tonos, los contrastes, el “cropeo”, los filtros y el uso de la clonación, alteran esa integridad? ¿Es más valiosa una imagen que sin retoque logra destacar por sobre el resto?

Ahí hay una discusión que, poniendo la cámara sobre la mesa, sería interesante llevar adelante, no para poner a las personas en trincheras distitas, sino para saber a quién tienes al lado. Al final, las técnicas son legítimas en la medida que se transparentan y quien tiene que juzgar (para otros o para si mismo) tiene todos los antecedentes a la vista.