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Hace unos meses, cuando estrenaron las 50 sombras de Grey, fui al cine a ver una de Liam Neeson (malísima por cierto), y me sorprendía al ver, luego de todo el énfasis mediático que se hizo, largas filas para ver la peli soft porno de Sam Taylor Johnson.

Hordas de señoras y chicas jóvenes expectantes que se sonreían en la fila como nenas de secundaria cuando les hablan de sexo.
La película nunca la vi, una vez me leí un párrafo del libro que decía algo así como “sácate el corpiño que te voy a comer esas tetas”, ese fue todo mi acercamiento con el best seller.

Pero la cosa era bastante más interesante. Las señoras iban a ver la pelí a ver si sus (pelotudos) maridos se ponían un poco más creativos en la cama y no sólo hacían el deporte de “in-out”. Las ladys se sentían lindas y sexys, querían sentir cosas nuevas y no ser sólo un agujero.

Pero frente a todo este revuelo había un grupo de intelectualoides que desde toda su sabiduría criticaban este fenómeno de fantasías y curiosidad de las chicas frente al sadomasoquismo. Catalogándolo de morboso, de poco “picante”, muy soft, de “ay no se ve nada” sólo escribiendo críticas negativas sobre la película.

Puede que la película en sí sea una porquería, probablemente el libro también, pero eso no quita que tenga un público cautivo.

 

Ahora, hace unos cuantos meses, Gaspar Noé estrenó en Cannes Love, la historia de un triángulo amoroso encabezado por Murphy, un chico estadounidense que llega a París atraído por el cine francés. Murphy tiene de novia a Electra, una chica con las características de la típica sexsymbol parisiense, quien conoce a su nueva vecina, una rubia llamada Omi y con quien ambos organizan un ménage à trois. Todo va bien hasta que a Murphy se le ocurre repetir la hazaña pero esta vez sin invitar a su novia. Todo se vuelve caótico cuando en una de estas escapadas, el condón se rompe y Omi queda embarazada. Electra lo abandona.

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Hasta ahí es sólo una historia más de encuentros y desencuentros amorosos. Pero Noé con su reconocido pajerismo morbo nos trae escenas de sexo explícito con eyaculaciones reales a la cámara. Directo al espectador.

Largas filas de ansiosos espectadores esperaron y llenaron la sala en su estreno en Cannes, la cantidad de críticas negativas fueron proporcionales al día siguiente. Y es que Noé a quién le gusta mucho “llevar las cosas al límite”, como dicen varios medios, no es más que un vendedor de humo. De un humo morboso por cierto.

Vende una violación de 8 minutos en Irreversible, innecesaria con el guión de la película, te vende sobajeos y eyaculaciones, vueltas y vueltas sexuales en una película sin relato, sin carísma y falta de imaginación.
Noé sacó escenas de cuanta porno vio, edito, pegó y lo vende como un “porno romántico”, sin guión, sin relato, sin historia, sólo morbo y sobajeos baratos.

Claro, todo esto, la fanaticada intelectual dice que está bien y que es una joya del cine.

A mi parecer no es más que lo mismo de 50 sombras de grey, pero con un publico que dice ser más intelectualmente capacitado. Dice.

 

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