La Mona Lisa del skate cumple 30 años

Screaming Hand, algo así como una mano que grita, se ha transformado en una verdadero ícono para los jóvenes. Esta especie de “Mona Lisa del skateboarding” cumple 30 años y una exposición itinerante que pasará por las grandes capitales del mundo (Barcelona, Londres, Tokio, Nueva York) le rinden tributo. Pero pocos conocen al creador de semejante imagen azulada.

“Durante los setenta, el hacer carteles de rock no pagaba muy bien, pero me dejaba una gran libertad artística”. El que habla es el norteamericano Jim Phillips, quien a sus 70 años recuerda cómo nació este ícono, su marca registrada. “En ese momento, el skateboarding estaba creciendo y empecé a recibir una gran cantidad de pedidos de trabajo de Santa Cruz Skateboards. Es más, en aquel momento tuve que rechazar al músico Neil Young”.

 

-¿Pensó que el skate se convertiría en un movimiento cultural tan importante?

-Nunca pensamos que se convertiría en algo serio. En 1974 se desarrolló la “The Urethane Wheel” y esto generó una explosión de skaters y abrió nuevas fronteras. Yo era principalmente un surfista y siempre había considerado el skateboarding como el primo feo del surf, pero cuando tienes una familia que alimentar reconsideras tu filosofía.
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-Durante un tiempo usted quiso hacer un tipo de arte que pudiera llegar a las galerías. ¿Qué pasó con eso?

-Estudié Bellas Artes cuando estaba en la California College of Arts and Crafts. Pensé que eran las Bellas Artes la forma más verdadera del arte. Pero lo que yo no había considerado era cómo realmente hacer dinero con esto una vez que estuviera fuera de la universidad. Yo no sabía cómo vender arte así que volví a mi trabajo de la tabla de surf por unos cuantos años. No había todavía un mercado de surf y de skate en esos días y no tenía muchas otras posibilidades. Con el tiempo me ofrecieron un trabajo artista de estudio en Tracy’s Fiberglass Works donde tuve la oportunidad de aprender algo de publicidad. Más tarde abrí mi propio estudio en Santa Cruz, California. Una de las grandes cosas que tiene el arte comercial es que a usted le pagan por adelantado. Además a través de la comercialización total de tu arte uno puede lograr el estatus de ícono.

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-En su estética, uno puede encontrar la influencia del cómic. ¿Qué artista lo ha influenciado?

-Me sentía atraído por las tiras cómicas desde chico. Me entretenía dibujando caricaturas y practicando con distintos estilos de artistas del momento. Uno de mis favoritos fue Krazy Kat de George Herriman. Como niño ya mayor empecé a estar profundamente motivado por las películas animadas de Walt Disney Studios, y fue entonces cuando me compré mi primera botella de tinta. Cuando tenía catorce años mi hermana mayor me dió un par de viejas revistas Mad que me dejaron alucinado.

 

-¿Cómo se le ocurrió poner una boca gritando en medio de la palma de una mano?

-Yo dibujaba situaciones que tuvieran que ver con el surf y skate en la escuela secundaria que luego se los daba a mis amigos después de clase. En una escena típica de surf quise armar una gran ola con un surfista cabalgando hacia abajo, buscando poner alrededor de esto algunos gags visuales como una mina explosiva, una aleta de tiburón o un puño cerrado que sobresale del agua como un hombre ahogándose. Empecé dibujando la mano en mis portadas de libros y cuadernos escolares y se convirtió en una especie de personaje. Yo vivía cerca de la playa y una vez vi a un chico ahogado allí, acostado de espaldas con moco corriendo de su nariz después de que algunos personas trataron de reanimarlo. Era la primera persona muerta que veía y esto, en cierta forma, me impactó. De ahí generé sin querer una conexión entre ahogamiento-mano. Años más tarde, cuando Santa Cruz me pidió un logotipo para su línea Speed Wheels enseguida pensé en la mano y lo poderoso que era para expresar emociones. Entonces tomé como punto de partida mi mano izquierda para hacer el dibujo y enseguida le sumé una boca gritando. Sabía que sería algo muy fresco inmediatamente. Así Screaming Hand ha demostrado, en estos 30 años, ser un ícono poderoso y duradero.

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