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(El Cobi argentino de Javier Mariscal, 2004)
Hoy Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, cumple 25 años. Es que un día como hoy la Comisión Ejecutiva del Comité Organizador aprobó, el 29 de enero de 1988, el diseño del perro humanizado de Javier Errando Mariscal como la mascota olímpica. Se habían presentado en el concurso público 16 propuestas de mascota para los JJOO. El jurado preseleccionó a tres proyectos, entre los que se encontraba el del perro creado por Mariscal y otro perro ideado por el diseñador Pere Torrent. Pero la Comisión del COOB 92 escogió el diseño de Javier Mariscal, que ganó por cuatro votos de diferencia al segundo diseño clasificado, y que obtuvo un premio de 2,5 millones de pesetas de la época. En ese momento nacería con la misma fuerza un nuevo ícono deportivo y la polémica social. Variadas opiniones que iban de la crítica salvaje al linchamiento estilístico, sostenían que el dibujo era concretamente infantil y no podía identificar un megaevento como este. El tiempo demostró que nadie como Mariscal interpretó seriamente lo que necesitaba Barcelona. Sus trazos irregulares, tal vez impulsivos, nunca infantiles, eran un homenaje a la mejor identidad catalana en lo visual que nació con Joan Miró i Ferrà. La última vez que estuvo Mariscal en Buenos Aires coincidió con una de las etapas de periodista que tuvo El Norbi en el diario La Nación. Tanto es así que en ese momento, junio de 2004, él escribió cinco notas para distintos suplementos en una semana sobre el español. Hasta lo hizo para la versión online de la revista Rolling Stone Argentina, junto con Nacho Román.
Uno de esos reportajes, que tuvo mucha relación con el espíritu que lo empujó a hacer a Cobi, te lo presentamos, a continuación: No es demasiado distinto de Cobi, el perro aplastado que inventó como marca de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Con pancita de tipo satisfecho (venía de comer un asado con el embajador de España), por más que se sentara de perfil sus dos ojos siempre se acomodaban para no dejar de mirar al que preguntaba. Es la primera vez que el multifacético diseñador catalán Javier Mariscal pisa suelo argentino (vino de la mano del Centro Cultural de España para presentar Colours, una conferencia espectáculo que tuvo lugar el miércoles último) y no quiere perderse nada. “Lo que más conozco es la geografía y su dibujo en el mapa. De repente veo como Argentina da al Atlántico y Chile al Pacífico. Pero me doy cuenta de que se piensa que Buenos Aires da al Atlántico y no es así, pues da al río más grande del mundo, muy marrón.”

De esta foma, dando clase de geografía, Mariscal comienza a demostrar que nada le es lejano o desconocido. Lo mismo pasa con sus oficios terrestres. Ilustrador de historietas, diseñador de muebles, constructor de langostas gigantes, inventor de juguetes y director de videoclips son sólo algunas de sus recientes travesuras infantiles. Sus 54 años pareciera que están muy cerca de sus 14, cuando hacía bocetos para los compañeros de escuela. “Dibujaba chicas desnudas que intentaban ser sexys, pero que no lo eran para nada. Los codos, el encaje de los senos con las costillas, o las muñecas, las manos… estaban descuajeringados”. Pero mientras que él no creía en sus dibujos, sus compañeros comenzaron a coleccionarlos. Esto ayudó a que Mariscal comenzara a revalorizar su estilo. “Lo mejor de haber diseñado a Cobi fue tener casi en directo la reacción del público, para quienes esta mascota representaba algo muy importante”, confiesa con total sinceridad. Cuando en 1988 se oficializa la elección de Cobi, las derechistas Convergencia Democrática de Cataluña y Esquerra Republicana consideran la elección como “un error y un insulto a Cataluña”, y coinciden en solicitar su inmediata anulación.

Pero fue la primera vez que enfrentó oposición. Al llegar a Barcelona a sus 20 años conformó el denominado “rollo barcelonés”, una movida alternativa y contracultural que nació durante los últimos años del franquismo, en la que floreció una serie de valores más liberales. “Hicimos una ruptura del sistema porque necesitábamos respirar -comenta Mariscal-. No fuimos héroes ni mucho menos, sólo jóvenes que se llevaban el mundo por delante y que querían libertad para crear un país distinto”. Después del entredicho, Cobi quedó y Mariscal siguió. Todo lo que sale de su estudio (allí trabajan 30 personas) tiene un estilo muy identificable con su trazo de mano alzada. Entonces la pregunta cae obligada: ¿cómo hacés para tener un equipo de gente que tiene libertad para crear, pero que termina haciendo el famoso trazo Mariscal ?

“Desde afuera se ve muy mal. Debe parecer que trabajan bajo un látigo muy grande. Pero hay un feeling , una forma de sentir parecida, un lenguaje común. Muchos trabajos los arranco personalmente con dos o tres personas. Siempre soy el líder. Pero hoy mi trabajo se ha limitado a arrancar y entender primero el problema, formar un concepto y criticar”, explica mientras enciende su sexto Ducados. “El buen diseño tendría que ser anónimo -continúa-, porque está hecho cada vez más por un grupo más grande de personas, por equipos. Un ejemplo de esto son las portadas de discos que hicimos para “Club 54”, del director de cine Fernando Trueba. Es al día de hoy que la gente no sabe quienes éramos los autores de ese diseño.

¿Tuviste muchas dificultades para imponer tu estilo?
-La primera dificultad que tengo soy yo mismo. Tener un estilo es como tener una piedra encima. Cuesta mucho admitirlo y digerirlo y tratas continuamente de luchar contra él. Trato de romperlo constantemente.
Así salió publicado en el diario La Nación, el 18 de junio de 2004, en el suplemento Vía Libre.

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Sobre el Cobi Argentino: Mientras que El Norbi y su ex alumno Nacho Román, de la RS, le hacían las preguntas, Mariscal no los miraba. Estaba dibujando algo.
Era en la primera página de un libro que tenía el periodista argentino sobre Ricard versus Mariscal, editado por la revista catalana ARDI. “Para Norberto, el Cobi argentino”, comenzaba su dedicatoria. Cobi se llamaba la mascota que Mariscal creó para los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Y antes de dibujar a un Cobi con los anteojos y la barba breve del entrevistador, el valenciano se despachaba con un “Che vos boludo”, casi obligatorio para los extranjeros.