Colaboración de Victoria Dentice
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Antes que ninguna otra, la generación de los 90′, sobre todo los niños, vieron truncada su infancia con la llegada de una película al vídeoclub de barrio. Esa película se llamaba It y era una miniserie basada en la novela de Stephen King.

La portada todavía resulta inolvidable, aunque nostálgica: fondo blanco como la leche y en la parte superior asoma la garra de un payaso vestido de traje embolsado.

 

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Tenía diez años y no llegaba al mostrador del vídeoclub, ni siquiera pedí ver esta película, sino que Diego, el dueño (un pelado, alto de más de 1,90 metros) quien otras veces me había ofrecido la película de Xuxa contra bajo Astral, las tortugas ninjas o ricitos de oro, esta vez me tentaba con algo mucho más oscuro…

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Sostenía la caja del vhs en la mano y me la mostraba, dudé por un segundo, pero me prometió que nunca me olvidaría si llevaba esa película. Tenía razón.

Esa noche la vi en la casa de Leonardo, mi mejor amigo y más de veinte años después todavía recordamos al payaso.

Al pasar por una boca de tormenta no podemos dejar de sentir esa morbosa curiosidad por comprobar si desde allí dentro nos observan atentos sus inhumanos ojos amarillos, una boca con ganas de devorarnos.
Conocíamos esos ojos porque volvimos a ver la película muchas veces más, siempre asustándonos en las mismas partes. Gozando con nuestros miedos.
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Con el tiempo descubrí que más niños, ahora adultos y adolescentes, también están fascinados, traumados, aterrorizados con el payaso Pennywise. Y como si esos 180 minutos fílmicos no bastaran, leen el libro de más de 1500 paginas para tener más detalles, más escenas con las que soñar de noche.
Desde la aparición de Pennywise en el cine nadie volvería a ver a Ronald McDonalds  con los mismos ojos.

 

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El payaso que antes hacía reír a los niños en la cadena más famosa de comida rápida, ahora no solo los hacía llorar y los asustaba, sino que ellos creían que podía ser capaz de asesinarlos. La infancia de pronto se torno una zona oscura. Llena de miedos. Y aunque no hay nada de desdeñable en la oscuridad -si estamos dispuestos y sabemos cómo combatir a los fantasmas- algunos, la mayoría de nosotros, no sabíamos, ni estábamos listos para que un libro, una película, nos cambie para siempre la vida.