Pocos diseñadores gráficos se han animado a tanto. En el 2004 yo escribía en el diario La Nación de Buenos Aires, que “pocos diseñadores gráficos se han animado a asumir con tanta valentía como Mariscal su vertiente arquitectónica”. Hoy, Javier Mariscal se vuelve a animar, y lo hace de una forma tan especial como dolorosa. En una entrevista en la revista literaria española “Gurb”, el artista reconoce que la crisis ibérica arrasó con todos sus proyectos, sus ganas y hasta con su estudio.

“Yo abro la tienda y ya no viene nadie, tengo que ir a la calle a poner una manta en el suelo para poner ahí sombreros y cosas, para ver si la gente viene y me compra. Y además, como soy ilegal, tengo que tener unas cuerdecitas atadas a la manta para cuando llegue la Policía tirar y hoop…salir corriendo”.

Hoy, el valenciano Javier Errando Mariscal, nacido en 1950, que nunca supo lo que era pasar por la academia, está pobre, come en casa de amigos, cuando puede, está sólo, está mal. Pero alguna vez, todo esto fue distinto muy distinto. Por ejemplo, en junio de 2004, lo entrevisté para “La Nación” y para la revista “Rolling Stones”, cuando pasó por Buenos Aires. Y fueron varios encuentros, que dejaron como resultado varias notas en varias partes del diario y en la revista. Este que sigue fue el resultado de una de esas charlas.

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No es demasiado distinto de Cobi, el perro aplastado que inventó como marca de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Con pancita de tipo satisfecho (venía de comer un asado con el embajador de España), por más que se sentara de perfil sus dos ojos siempre se acomodaban para no dejar de mirar al que preguntaba. Es la primera vez que el multifacético diseñador catalán Javier Mariscal pisa suelo argentino (vino de la mano del Centro Cultural de España para presentar “Colours”, una conferencia espectáculo que tuvo lugar el miércoles último) y no quiere perderse nada. “Lo que más conozco es la geografía y su dibujo en el mapa. De repente veo como Argentina da al Atlántico y Chile al Pacífico. Pero me doy cuenta de que se piensa que Buenos Aires da al Atlántico y no es así, pues da al río más grande del mundo, muy marrón.”

De esta foma, dando clase de geografía, Mariscal comienza a demostrar que nada le es lejano o desconocido. Lo mismo pasa con sus oficios terrestres. Ilustrador de historietas, diseñador de muebles, constructor de langostas gigantes, inventor de juguetes y director de videoclips son sólo algunas de sus recientes travesuras infantiles. Sus 54 años pareciera que están muy cerca de sus 14, cuando hacía bocetos para los compañeros de escuela. “Dibujaba chicas desnudas que intentaban ser sexys, pero que no lo eran para nada. Los codos, el encaje de los senos con las costillas, o las muñecas, las manos… estaban descuajeringados”. Pero mientras que él no creía en sus dibujos, sus compañeros comenzaron a coleccionarlos. Esto ayudó a que Mariscal comenzara a revalorizar su estilo.

“Lo mejor de haber diseñado a Cobi fue tener casi en directo la reacción del público, para quienes esta mascota representaba algo muy importante”, confiesa con total sinceridad. Cuando en 1988 se oficializa la elección de Cobi, las derechistas Convergencia Democrática de Cataluña y Esquerra Republicana consideran la elección como “un error y un insulto a Cataluña”, y coinciden en solicitar su inmediata anulación.

Pero fue la primera vez que enfrentó oposición. Al llegar a Barcelona a sus 20 años conformó el denominado “rollo barcelonés”, una movida alternativa y contracultural que nació durante los últimos años del franquismo, en la que floreció una serie de valores más liberales. “Hicimos una ruptura del sistema porque necesitábamos respirar -comenta Mariscal-. No fuimos héroes ni mucho menos, sólo jóvenes que se llevaban el mundo por delante y que querían libertad para crear un país distinto”. Después del entredicho, Cobi quedó y Mariscal siguió. Todo lo que sale de su estudio (allí trabajan 30 personas) tiene un estilo muy identificable con su trazo de mano alzada. Entonces la pregunta cae obligada: ¿cómo hacés para tener un equipo de gente que tiene libertad para crear, pero que termina haciendo el famoso trazo Mariscal ?

“Desde afuera se ve muy mal. Debe parecer que trabajan bajo un látigo muy grande. Pero hay un feeling , una forma de sentir parecida, un lenguaje común. Muchos trabajos los arranco personalmente con dos o tres personas. Siempre soy el líder. Pero hoy mi trabajo se ha limitado a arrancar y entender primero el problema, formar un concepto y criticar”, explica mientras enciende su sexto Ducados. “El buen diseño tendría que ser anónimo -continúa-, porque está hecho cada vez más por un grupo más grande de personas, por equipos. Un ejemplo de esto son las portadas de discos que hicimos para “Club 54”, del director de cine Fernando Trueba. Es al día de hoy que la gente no sabe quienes éramos los autores de ese diseño.

-¿Tuviste muchas dificultades para imponer tu estilo?
-La primera dificultad que tengo soy yo mismo. Tener un estilo es como tener una piedra encima. Cuesta mucho admitirlo y digerirlo y tratas continuamente de luchar contra él. Trato de romperlo constantemente.