Estamos a días de las elecciones en Argentina. Y yo siendo chilena no voto en este país.
En Chile tampoco, nunca voté. El sistema allá está perfectamente pensado para que si eres una persona que piensa tu reacción sea “me chupa un huevo”, “son todos iguales” y “no me interesa la política”, o sea para que seas funcional a la política. No digo a la derecha, porque bien sabemos que Izquierda y Derecha en Chile no existe, todo se hace en favor, bajo la complacencia y aprobación del empresariado.

Pero estando en Buenos Aires, entendí muchas cosas a las que nunca le di bola. Por ejemplo que el Estado tiene que hacerse cargo de su gente, tal como una madre de sus hijos, tiene que cuidarlos y darles lo que necesitan.
El Estado tiene que anhelar tu felicidad y hacer todo lo posible para que así sea. Que puedas acceder a la educación, que puedas comer, que tengas servicios de salud, que no te falte el agua, ni el gas, ni la luz en tu casa sin pagar cuentas elevadas porque está en manos de empresas extranjeras. Que puedas comprarte tu primera casa y ¿por qué no? tu primer auto. Que cuando vayas al supermercado, puedas elegir que precio pagar y no tener que escoger sólo entre el dibujito del envase porque las empresas están coludidas y todos tienen los mismos precios elevados. Que si necesitas ir a la farmacia porque te enfermaste, pagues un precio razonable, no la mitad de tu sueldo en un medicamento porque también están coludidas e inflan los precios al 1000%.

Que si quieres estudiar no sea necesario estudiar en la univerdad, por el exitismo que significa decir “estoy en la universidad” o que tu mamá no tenga la necesidad de aparentar con sus amigas diciendo “mi hijo está estudiando abogacía o ingeniería” (que sabemos que no sirven para nada) sino más bien que puedas estudiar carreras técnicas para fortalecer la industria nacional, ya sea minera, agrícola, energética o lo que sea, que haga crecer a tu país y su industria que NO está en manos de transnacionales.

 

Me vine a Buenos Aires siguiendo el amor, y encontré muchas cosas más, un amor en la sociedad, donde se respeta al que está al lado, donde se piensa “en el otro”.

Me vine a Buenos Aires y no pretendo irme, estoy armando una familia en esta hermosa ciudad y me gustaría que cuando llegue el momento, mis hijos crecieran en un país donde se les respeta, donde pueden estudiar en escuela pública sin la necesidad de ser pobre ni miserable. Donde pueda ir con la ropa que quiera y no lo uniformen.
En un país donde si es homosexual, se le respete y se pueda casar, no donde lo maten.

En un país donde a su mamá y a su papá le respeten el trabajo de toda una vida con una jubilación digna, no con una jubilación miserable que te la entregan 3 años antes de que te mueras; donde si el mercado pierde, pierdes tu y si el mercado gana, ganan ellos.

Donde si quiere ir a la universidad, porque no es necesario que vaya si no quiere, estudie gratis y no esté endeudado por 14 años con una cuota que sobrepasa la mitad de su sueldo.

Quiero que mi hijo crezca en una sociedad en la que se hablan, se saludan, son cordiales, dicen permiso y dicen perdón. Donde sales a pasear al perro y la gente charla contigo y se sonríe, no donde están compitiendo con quien tiene la raza de perro más cara.

Quiero que crezca en una sociedad feliz, quiero que pueda volver a casa tarde sabiendo que todo va a estar bien, donde cuando sea adolescente y algo no le guste vaya y lo diga y se le respete, no que su escape sea ser estar tomando cerveza todo el día diciendo “me chupa todo un huevo”.

 

Me sorprende ver como en Chile se alegran por un posible gobierno de derecha acá. Me sorprende, me enoja y pienso: ¿Cómo es posible que se alegren por la realidad de un país que no conocen? o ¿cómo es que no aprendemos nada? y claro, ¿qué vamos a aprender? si allá nos hacen creer que ser empresario está bien y ser trabajador está mal. Donde está bien vivir en Las Condes, pero no en La Pintana, donde está bien ir a la escuela donde las niñas usan faldita escocesa y los niños el chalequito gris, verde o burdeo, pero es raro y llega a estar mal cuando en alguna escuela pueden ir con “ropa de calle”, donde está muy bien ir y atenderse en una clínica privada donde te endeudas por 3 años por un simple dolor de cabeza, o donde a pesar de pagar mensualmente a las Isapres, cada vez que te quieres atender tienes que volver a pagar casi la misma suma que abonas mensualmente, donde no hay plata para financiar investigaciones científicas pero si hay para financiar los viajes y vacaciones de nuestros honorables. Donde si no tienes el apellido indicado no consigues un buen puesto de trabajo. Donde protestar en las calles o cortar una avenida con un piquete es sinónimo de represión de las fuerzas policiales y hasta torturas. Donde los sindicatos no son respetados, donde si te vas a huelga, te reemplazan y cuando vuelves a trabajar, te despiden.

Nos hacen creer que si piensas y si anhelas y sueñas que respeten tus derechos, como lo hacen acá, eres un comunista que se quedó en el pasado, donde si no vas al mall el fin de semana a comprar las últimas zapatillas o el último celular, no eres nadie en la sociedad. Donde si no tienes una televisión de 50 pulgadas, estás obsoleto, donde si se te ocurrió la absurda idea de ser gay, es probable que desde niño en el colegio te peguen, te despidan del trabajo cuando se enteren de tu opción sexual, y donde si te pillan saliendo de alguna fiesta en el barrio Brasil, es probable que te maten.

 

Nos enseñan y nos meten en la cabeza desde chiquitos que hablar está mal, que opinar está mal, “no haga escándalo” , “no se meta en lo que no le corresponde” te dicen. Pero somos seres humanos y la diferencia con el reino animal es que pensamos y podemos hablar. Pero en Chile la sociedad está armada para que seamos animales. Animales trabajadores avergonzados de nuestra condición social, avergonzados de trabajar y anhelando ser como el empresario.

 

Yo por mi parte me quedo acá, me gusta ser persona y quiero que mi hijo sea una persona también, que desde chiquito haga quilombo, como se dice acá, cuando algo le moleste o no le guste. Que se llene de amor, que crezca rodeado de amor en su familia, en la sociedad y en su patria. Por eso yo también digo AMOR SÍ!